Lo que no sabes de la depresión

Ana V. Morales
No estamos escindidos, somos un todo. Lo que afecta una parte de nuestra vida inevitablemente repercute en otras. Nuestro cuerpo, emociones, pensamientos y entorno están profundamente conectados.

Sin embargo, muchas veces la medicina actual nos trata de manera fragmentada, como si el vivir en un estrés constante, desempeñar un trabajo que no nos satisface, tener problemas económicos, vínculos deteriorados o sentirnos solos, no nos afecta.

Durante años se sostuvo que la depresión era causada principalmente por un desequilibrio químico en el cerebro, intentando resolverla únicamente a través de medicamentos. Y aunque en algunos casos los antidepresivos pueden ayudar y ser necesarios, hoy también existe una mirada más amplia sobre el sufrimiento emocional.

Lo que no sabes de la depresión
En el libro Conexiones perdidas, de Johann Hari, el autor relata su propia experiencia con la depresión y la ansiedad. Tras años de tratamiento farmacológico sin una mejoría sostenida, comenzó una extensa investigación entrevistando a científicos, médicos y especialistas en salud mental de distintos lugares del mundo.

Hari plantea que muchas formas de depresión y ansiedad no pueden entenderse únicamente desde lo biológico, sino también desde la desconexión que vivimos en nuestra sociedad actual. Desconexión de otros, de un propósito, de la naturaleza, del descanso, del movimiento e incluso de nosotros mismos.

Uno de los aspectos más interesantes que desarrolla es que el ser humano necesita sentirse parte de algo significativo. Cuando vivimos aislados, hiperexigidos o atrapados en rutinas vacías, nuestro bienestar emocional comienza a resentirse. No basta sólo con “funcionar”; también necesitamos sentido, vínculos y espacios donde sentirnos vistos y escuchados.

Entre las cosas que distintas investigaciones han mostrado como protectoras frente a la depresión aparecen elementos simples, pero profundamente humanos:

- Mantener vínculos cercanos y redes de apoyo.

- Sentir que nuestra vida tiene propósito.

- Realizar actividad física.

- Dormir y descansar adecuadamente.

- Pasar tiempo en contacto con la naturaleza.

- Disminuir el aislamiento y la sobreexposición digital.

- Poder expresar emociones y sentirnos acompañados.

Esto no significa negar la importancia de los tratamientos médicos o psicológicos cuando son necesarios. La salud mental requiere una mirada integradora y respetuosa de cada realidad.

Quizás una de las grandes preguntas sea: ¿qué necesidades humanas profundas estamos dejando de atender en nuestra manera de vivir? Como decía Facundo Cabral “No estás deprimido, estás distraído”.